Niños exitosos
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Niños exitosos

Hablar de la educación de los hijos resulta sumamente comprometedor, pues no existe una panacea universal que nos indique como proceder ante las diversas situaciones que se presentan cotidianamente.
Nos preocupa sobremanera escuchar noticias en las que los protagonistas, en muchos de los casos son jóvenes o adolescentes que no han descubierto la verdad, no encuentran el camino, no pueden ver la luz y sufren.
Lo cierto es que nosotros mismos como padres, tenemos nuestra propia individualidad, cada persona humana es única; tiene su propia personalidad, por lo que es imposible proceder igual con todos aún en casos similares.
Afortunadamente cada día contamos con mayores recursos para fundamentar la educción.
Recuerdo con frecuencia la frase: “no cargues mucho al bebé porque se embracila” o bien: “no le digas al niño que lo quieres, ni lo inteligente que es porque se chifla”.
Ahora las teorías de inteligencia emocional y de estimulación temprana, destacan la importancia de cargar a los bebés y de abrazarlos cuanto sea posible, cuando ya su peso y tamaño nos impiden sostenerlos en brazos.
Pienso sencillamente que Dios es perfecto. Nacemos pequeños para que los padres se regocijen abrigando en sus brazos y muy cerca de su corazón al bebé y este a su vez sienta el cobijo y conforme crecen responden para interactuar y abrazarse padres e hijos.
Entonces, ya tenemos ese recurso: cargar, abrazar y destacar sus valores con libertad, pero eso sí, manteniendo las reglas.
En ocasiones somos severos con nosotros mismos y nos latigamos con afirmaciones como: “que torpe soy”, con lo cual, por cierto enviamos esa orden al cerebro para que actúe de esa manera. Esta actitud también la asumimos con nuestros seres más cercanos.
Descártela, tanto en lo personal, como hacia los demás, suelte el látigo, cámbielo por caricias para sí mismo y para los demás. Sus hijos aprenderán con la mejor pedagogía: el ejemplo.
En seguida comparto algunos puntos para formar niños extraordinarios.
• Amarlos y enseñarles a amar, valorando todos sus dones, cualidades y perfecciones
• Cultivar su autoestima, dándoles una imagen positiva de si mismos.
• Permitirles que tomen decisiones y asuman retos.
• Escucharlos sin juzgar su persona (se pueden analizar los actos, pero no juzgar a la persona).
• Exigirles respeto a la autoridad que representa el ser sus padres, manteniendo en primer plano el amor mutuo. (Antes le decía a mi hija mayor: “soy tu amiga”, ahora he reflexionado que soy mucho más que eso: “soy su madre”, y así se lo digo).
• Establecer límites y reglas de disciplina.
• Inculcarles amor por el conocimiento y el saber.
• Enseñarles a sensibilizarse con las necesidades de los demás, para poder ayudar a satisfacerlas.
• Dejar que se valgan por sí mismos.
• Hacer que Dios esté presente en sus vidas.
Amor, paz y bien.











