Educación positiva
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Educación positiva

Nos preparamos con gran entusiasmo y una mezcla de emociones encontradas porque nuestros hijos en edad de preescolar, primaria y secundaria, luego de dos meses de un ritmo distinto, relajado y a veces hasta desordenado, regresan a la rutina escolar.
Con frecuencia he escuchado: “mis hijos me necesitan” y en realidad, reconozco que el amor nos hace necesitarnos tanto mutuamente. Nosotros como padres con una mayor conciencia de cuánta falta nos hacen. Podemos estar en cualquier sitio, pero siempre con el corazón posándose en ellos; trayéndonos las imágenes de sus caritas inocentes, traviesas, amorosas; de todos los momentos buenos y malos.
Hablar de la educación de los hijos es asunto serio y delicado, pues cada uno es diferente. En la actualidad se han vuelto muy populares las llamadas escuelas de padres, de gran utilidad, pero hasta ahora no tenemos una fórmula matemática para una verdadera educación, sin embargo, quiero compartir algunas teorías planteadas en el libro de John Gray, con un bellísimo título “Los Niños Vienen del Cielo”.
Dice Gray que hay cinco claves de la educación positiva, mismas que resume de la siguiente manera:
• Permítales ser diferentes, de esta forma nuestros hijos podrán descubrir, desarrollar y darse cuenta de su potencial interior y de su poder de iniciativa.
• Permítales equivocarse, así podrán aprender de sus errores y autovalorarse para autocorregirse.
• Permítales expresar sus emociones, con ello lograrán una mayor conciencia y conocimiento de si mismos.
• Permítales aspirar a más.
• Y en la quinta clave sugiere: “Permítales resistirse”
Asimismo, recomienda John Gray ser directos en nuestros mensajes. Por ejemplo en lugar de decirles: “niños están haciendo mucho ruido”, pedirles clara y llanamente: “niños callados, por favor”
Y concluyo mi comentario con un anónimo: “La Mamá más Mala del Mundo”.
Yo tuve la mamá más mala del mundo. Mientras otros niños no tenían que desayunar, yo tenía que comer cereal, huevos y pan tostado. Cuando otros tomaban refrescos y dulces en el almuerzo, yo tenía que comer un sándwich.
Mi madre siempre insistía en saber dónde estábamos, tenía que saber quiénes era nuestros amigos y los que estábamos haciendo, insistía que si decíamos que íbamos a tardar una hora, cumpliéramos con ello.
Hizo que laváramos los trastes, tendiéramos las camas, aprendiéramos a cocinar y otras tareas que en ese momento nos parecían crueles.
Siempre insistía en que dijéramos la verdad y nada más que la verdad.
Cuando llegamos a la adolescencia, nadie podía tocar el claxón para que saliéramos corriendo; exigía que nuestros amigos llegaran a la puerta de la casa para preguntar por nosotros.
Nos hizo convertirnos en adultos educados y honestos.
Pensaba que mi madre era cruel, y hoy dos gracias a Dios por haberme dado la mamá más mala del mundo.
Amor, Paz y Bien.











